En aquella noche se fue, además del humo de mi cigarro, uno que otro recuerdo retorcido y poco elocuente, se deslizó sigiloso y tenue, como si lo único que lo sostenía en el aire era el respiro de mi nariz.
Grisáceo y blanquecino, Astuto, fugaz Se filtraba por las rendijas rotas de mi techo, Y se llevaba además de su aroma tóxico y caliente, Un poco de dolor, un poco de aquel dolor que emanaba de mis frustradas manos.
En aquella noche, el humo de mi cigarro fue mi única compañía. En complicidad absoluta, Deje que me envolviera, como si me abrazara en medio de la oscuridad. Danzó unos segundos alrededor de mí, despidiéndose, ascendió. Después de haberse ido, la habitación volvió a ser la misma, Yo dormí como todos los días.
El humo del cigarrito no estaba, y con el se fue un poco de nostalgia. La habitación fue la misma, y la soledad también. Esta última era siempre la que se quedaba…
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