No toques esa luz!

No toques esa luz. No la toques,  que las luciérnagas despertaran. No juegues a esconderte, que la noche no es lo suficiente astuta para encontrarte. Es mejor que aparezcas y contigo trae un poco de paz, mira que aquí hace falta bastante de eso.

Aquí el sol abunda y llena cada rincón de la casa. Aquí comemos calor y vegetales Aquí no hay agua, solo quedan dos panes sobre la mesa y mucha alegría.  No escondas la luz, no escondas el verde que me rodea. No consumas los pocos gramos de esperanza que compré para estos días. Si algo sé, lo guardo en una caja que esta detrás de la puerta, si quieres saber algo, ve y ábrela, no costara mucho, no tiene llave. Es de total confianza.

Busca en la basura los restos de mis días, busca y encontraras más de un verano, Busca y busca, no pares de escarbar sobre recuerdos mojados de días  de lluvia y recuerdos secos de algún  otoño, deben de estar ahí... Desde aquella vez que los deseche por un estúpido  sueño.

Aquí  hay acordes y melodías, que se cuelan por la ventana y aromatizan  Solo es cosa de guardarlos en botellas para el resto de la semana. Todo lo que  quieras aquí existe, pero por favor no toques  nunca esa  luz.

No escondas mi luz….

Reverdecer…




Sal del aquel rincón, que el sol no llega a tus verdes ojos, sal de allí y  mira tras la puerta la alegría venir, esa que no quisiste recibir hace años y años. No te culpo y no te culpes de permanecer en el negro amargo que empañaba tus ojos cada día.

Es tanto pedir que respires una vez mas, vamos!  que el aire se acaba por desperdicios de almas gastadas y desdeñadas. Respira con facilidad y encanto mientras las anaranjadas mariposas revolotean por lo alto, formando un maravilloso torbellino de colores.

Germina de una vez, brota como árboles en primavera. Esos que permaneces frondosos a pesar del mal clima, no sucumbas a la melodía que trae consigo dolor y pena, la vida es luz, la vida es brillo del universo que nos rodea.

Esperaré a que quieras volver de tus caminos cansados, recorridos, arrastrados por recuerdos poco elocuentes , esperaré a que germines, esperare tanto así que la decadencia llegara sutil y silenciosa , golpearé los mares para agitar tus pulmones, respira, vamos.. que se hace corto el tiempo y mi memoria se vuelve frágil, respira que tarde o temprano desapareceré con la noche.

Elevación

En la éxtasis que arrastra la noche, se dibuja tu cara en el negro techumbre estrellado...
La gente desaparece, solo su sombra queda letárgica, y densa. Yo acá con la mente árida, caigo en la irremediable complicidad de la vida, Los arboles me susurran extrañas melodías, su corazón palpita con verde espesor… Nada en el camino más que el pensamiento frágil y ligero,  Que toma ventaja desde el suelo… que se eleva junto a los pájaros salados.

Mi cigarrito


En aquella noche se fue, además del humo de mi cigarro, uno que otro recuerdo retorcido y poco elocuente, se deslizó sigiloso y tenue, como si lo único que lo sostenía en el aire era el respiro de mi nariz.

Grisáceo y blanquecino, Astuto, fugaz Se filtraba por las rendijas rotas de mi techo, Y se llevaba además de su aroma tóxico y caliente, Un poco de dolor, un poco de aquel dolor que emanaba de mis frustradas manos.

En aquella noche, el humo de mi cigarro fue mi única compañía. En complicidad absoluta, Deje que me envolviera, como si me abrazara en medio de la oscuridad. Danzó  unos segundos alrededor de mí, despidiéndose, ascendió. Después de haberse ido, la habitación volvió a ser la misma, Yo dormí como todos los días.

El humo del cigarrito no estaba, y con el se fue un poco de nostalgia. La habitación fue la misma, y la soledad también. Esta última era siempre la que se quedaba…

Donde muere la cuidad



 Donde muere la cuidad, donde nace el miedo, donde queda poco lugar para un sueño viajero. Es allí donde lloré una que otra lágrima, ella corrió por mi mejilla, corrió y corrió para no ser secada por el viento que a ratos salía desde el callejón que  doblaba la esquina y golpeaba suave y placenteramente mi cara. Esa noche habían pocas estrellas, esa noche había tocado algo de guitarra y  más de una vez pensé en devolverle la vida al mismísimo dios, quitándomela. No se porque, ni cuando, no se nada. No se nada.

La poca luz  y lo mucho que deseaba  tantas cosas, me irritaban. Quizás un encarcelamiento se asemejaba a lo que sentía. Lo sentí días, lo sentí  AÑOS. Lo sentí entre la gente y cuando estaba sola.  Sentí y sentí angustia. Quise escapar con  las sombras de los edificios, con el ruido ambulante y urbano, quise escaparme  con una grañidísima ola que golpeaba el muro, sin embargo nada era lo suficientemente sublime y generoso para poder esconderme. Un sinfín de palabras, un sin fin de imágenes, malditas imágenes!! Malditas palabras que retumbaban una y otra vez en noches de insomnio, me aquejaban, querían libertad! Algo bastante ambicioso y caro. Algo que quizás nunca consiga.

La libertad... Por la que tantos lucharon, por la que tantos murieron, por los infelices que la privaron! Aun así la libertad no era suficiente. Aun así sentía un pájaro revoloteando a cada momento, en cada espacio, en cada espacio vital.

Aquella vez el tiempo me dijo que me quedaban menos de 10 respiros, me dijo que la muerte tocaría de manera respetuosa mi puerta y que le abriera con una sonrisa, falsa quizás, pero una sonrisa es una sonrisa. El camino, tortuoso camino que debí  seguir seguramente desde que nací, Mas de una vez desee cambiar mi suerte por un par de zapatos usados, no valía nada sin embargo era a la vez útil,  esa suerte… que es la suerte. Algo se  alimentaba de mi, corroía mis huesos...Corroía mi alma. Quizás la verde naturaleza  lograba calmar mi sed de paisajes, mi sed de carreteras, mi sed de vivir. Hace bastante tiempo que los frascos de vida se habían acabado  en el comercio.