No se espera el invierno, se espera el verano, no caen las hojas, solo siguen al viento, en la dirección correcta, y en el momento.
Se abre nuestro sol y caen los rayos maduros como frutos, pero no giro yo, gira el universo, las estrellas y el tiempo que se agota como los frascos de alimentos y que perdura como los fósiles añejos.
En el comenzar partimos tomados de los lazos que nos unen al vientre de la naturaleza, son lazos fuertes y débiles, son lazos de amor y salvajes, aun así duele respirar donde ya no hay vida, como duele sostenerse en la tierra maltratada.
Nuestra tierra es una, nuestra tierra son muchas, nuestra alma ilumina y a la vez oscurece, dejando los pasos borrados en el camino.
Y se nos van los trenes, se nos va la vida, la decadencia llega con hermosura y brazos abiertos para darnos la recibida, pero arde y corta como cristales finos.
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