Alma y Refugio




Cierra las puertas del alma  que se vuelan los milagros, cierra y apresura la marcha  que se agujerean mis rincones, lo amargo y triste que va  quedando. Cierra que la maldad anda rondando, busca hogar desesperadamente, ya que de  todos lados la han echado. Cierra suavemente las puertas a los  quebrantos, la risa  contagiosa y llanto, de colores y matices, de penas que vuelan alto que no se  detienen en ningún lado, que vuelan y vuelan sin descanso.


Cierra las puertas del alma y abriga el corazón de la fría corriente de invierno, esa que pasa y se cuela por las ventanas de tus ojos, que endurece  tú cara y tus labios.  Cierra las puertas del alma y prende una chimenea de  alegría, con un poco de luz basta.  Cierra las puertas del alma y ábrele al sol, deja que entre y llénate de verde prado. Cierra las puertas a la muerte y ábremelas  a mí, para descansar mientras prosigo mi  viaje,  para no ir y volver por caminos cansados,  por caminos cerrados, por obstáculos grisáceos,  y me mantendré firme como roca y frágil como el cristal.

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