Historia de Arena y tiempo

Desierto de huesos enterrados,
escondes detrás el misterio,
tantos pasos recorridos
a través de tiempo antaño

Abrazas la cuidad dormida,
oleaje abierto y sereno
juegas con la arena siempre
en una danza en desenfreno

No estás muerta, por estar árida
Estas viva en mi recuerdo
Se trazan pedazos de historia
En las columnas de tus cimientos.

No estás muerta por estar árida
Tierra de sol constante y fuego
Tus gritos de gaviotas liberadas
De la libertad forjada en hierro

Desierto de costa brava
Desierto de brisa y viento
Frente a tu poderoso
Reflejo tenue y dorado
Fresco, en movimiento

Árida tierra de lamentos,
Entre especies doradas perdidas
Entre tus brazos entendidos
Se esconde mi espesa risa

Y si de la noche escondes  tu mirada,
En el regazo de tus secretos vivos,
Amando cada segundo de aire
Un letargo profundo expelido,
De la naturaleza muerta, Lloras como madre que ha quedado
Con el corazón a ciegas, De tanto dolor sufrido…

No te apresures en la marcha tierra querida,
De la arena enterrada, de barcos sumergidos que levantan en cada oleada,
Imaginaria y fugaz , Casi apagada.
Copa alzada de sal y verde
Se mueven entre la gente, el aire de tus pulmones abiertos
La luz se extingue al caer la oscuridad fría
Y Levantan el vuelo las aves errantes
Buscando un  refugio delirante.

Te invito esta noche, tierra querida
A compartir con la luna extrañas melodías,
Envuelve en mi interior, Tu fresca armonía
Antes que todo se vuelva impuro
Antes que el tiempo hable y ordene
Escurrir mis días en agua
Y oscurecer mi corazón duro…

Una carta para ti ...




En algún momento me detuve, estuviste allí para verme caer y romper mis rodillas contra la realidad. 

Estuviste allí y me sacudiste con fuerza y rabia pero nunca me quitaste el respiro, te maltrate y aun así me abrazabas con el viento, me dabas tus frutos maduros hechos rayos de sol, creo aun en tu silueta en horas de la tarde.
 
Cuando me levanté estuviste allí, me mirabas y mandabas pájaros del cielo, para que me danzaran sobre la cabeza, era una fiesta ver como los árboles se movían festejando mi nuevo nacimiento...

Caoticamente comprensible


Estás palabras van a ti, con cariño, con unos cuantos gramos de locura, odio, muchas mezclas de sentidos, mucho amor, rencor, la sensación perfecta del estar vivo, del ser. Humanidad, desperdicio, el equilibrio entre el camino y el laberinto.

Te contaré que en el camino de la vida,  el total de hechos en que se resume todo, yo existo, pienso y respiro. El corazón muchas veces me duele, la verdad me estorba, sobre todo cuando he querido enterrarla bajo mis cimientos, pero que nos queda? , Que nos queda de todo esto?, que nos queda en la manos y en el alma? Solo  somos hojas en blanco cuando nacemos, somos hojas amarillas a través de los días que vamos viviendo.

Cuando ya no quede nada, aun quedará algo, yo no sé que será, tal vez solo el aire… tal vez una ola en el mar,  una palabra que nunca se dijo, una tal vez que nunca llegó. Yo no sé que pasara mañana, pero he tratado de ser consciente y real, he tratado de ajustarme de la mejor manera posible a los contornos y márgenes que llaman vida… de salirme de ellos cometería el crimen de cambiar. Y cambiar al parecer no siempre es trascendencia, sino  más bien retroceso. Soy honesta, al decir que la vida no me parece justa, pero cuál es la magia de todo esto? tal vez la incertidumbre, la caja de sorpresas que se esconde cuando sale el sol cada día.

Quizás te preguntes ¿Se puede uno perder en los laberintos de la vida? Es válido en algunas circunstancias del caminar humano errar? Por supuesto, imperfecciones, daño, heridas o solo se trata de vivir? Solo se trata de avanzar... de chantajear al tiempo, de marearlo en oleadas de olvidos, de recuerdos.  Recuerdos ambiciosos que se  resisten a dejar el espacio que ocupan en la memoria… aquellos recuerdos de la infancia, de la niñez pulcra, desinteresada,  de la tierra en las manos, del columpio en mal estado, de las plazas y playas, de las olas  que revientan en la orilla, de los juegos, grandes juegos, la imaginación desbordada.

Que paso de aquellos días? Que sucede con la tierna mirada? Donde se van los sueños de astronautas? Lo que soñamos en conjunto,  lo que no se cumplió a través de los días? Me pregunto hoy, sin saber la respuesta, quizás no la encontraré jamás, lo más probable es solo el planteamiento. Mis dudas a través de los años, crecieron grandes y frondosas, verdes y brillosas como cuan árbol en primavera. Hoy me pregunto que será el futuro… que será de aquellos que partirán sin mí,   de aquellos que alguna vez tomaron mi mano.

Yo no sé nada, te repito, yo solo tengo una historia para contar, una música para tocar, unas letras para escribir… yo no sé nada y no sé hasta cuando pueda soportarlo. Espero que mi paciencia se extienda a plazos largos… si tan solo tuviera la oportunidad de probar un poco la suerte, de equivocarme y no sentir el miedo inútil, porque así como llegamos nos vamos en la más profunda miseria humana, en la bajeza  de lo impuro. Yo no quiero irme sin haber almacenado en mí los frutos de mi existencia y a la vez, poder sembrarlos en la tierra fértil que me acepte.

Es por eso esta hoja, es por eso que escribo, porque yo no sé quién soy, pero sé lo que necesito, y ahora mi percepción me ha abandonado, está lejos de mí, no quise  entender ni ver, no quise oír, ni hablar, ahora el mar se  ha recogido en una inmensa ola, furiosa, recelosa, que acabará con mi paz, falsa paz, que construí.

Si yo  algún día me voy, volveré en elementos… seré de la brisa de oleaje, seré la raíz de un jardín, seré molécula y estructura para estar cerca de ti, Querido cielo. Pero aún queda tiempo  para caminar, camino hay muchos, los pasos son los que siempre se acaban... Caminos quedarán, y algún día todo cambiará, pero mis ojos no estarán… mi corazón se habrá endurecido bajo la tierra y mis huesos se abran corroído. Si tan solo pudiera ver que tu ser volviera a reconstruirse, bajo el verde frondoso de la primavera, bajo un sol caliente de verano.

Yo no sé nada… yo no almaceno nada en mi… siempre estaré vacía como al comienzo; siempre estaré en un naufragio constante…solo el poderoso sol me indica que debo abrir los ojos… y cuando ese sol no esté? Me limitaré a contar de mis miedos porque son tantos, poco infundados, el dolor de lo que no queremos…  El dolor que no queremos, es aquel compañero fiel…. Que no abandona ni al más cobarde… Que nos ha sucedido… Porque perdimos el rumbo y nos adentramos en lo quebrantable La mísera humana. La mísera humana, la mísera humana de querer ser feliz a costa de todo… ser feliz en la carnalidad más posible. Felicidad y felicitaciones…al más miserable humano que se haya sentido libre… alguna vez.

Solo brotemos por esta vez… germinemos de la tierra. Las raíces  serán precursoras de nuestros brazos, abracemos la vida con verde mirar. Yo no puedo hablar de mí,  yo no me conozco y si me conociera no me presentaría en esta hoja. No somos complicados en nuestro vivir… solo queremos ver la vida con los ojos que tenemos, solo queremos escuchar con nuestros oídos, para todo lo demás estamos sin sentido.

Pregunto...

La percepción, costosa y fría percepción… verdad o mentira? , la satisfacción del alma… necesidad o deber? Que involucra el estar bien? Que es moralmente el bienestar personal?  , solo deberíamos cruzar la puerta, protegida de antes de nacer, cruzar el umbral de la expectación y al final maravillarse ante tan agradable espectáculo de colores, sensaciones, radiaciones que atraviesan directamente el ser, pero como llegar a ese estado pleno?,  sin enceguecer la mirada ante el horror, la condición nefasta de nuestra precaria condición humana?.. Interrogantes… preguntas que no deberán ser contestadas jamás, estas quedarán en el aire como parte del humo tóxico arraigado  en nuestro cielo…

trascendencia...

" Y te recordaré, hasta que tu recuerdo sea ahogado por la misma naturaleza y por mi irremediable mortalidad....”


Mi cigarrito

En aquella noche se fue, además del humo de mi cigarro, uno que otro recuerdo retorcido y poco elocuente, se deslizó sigiloso y tenue, como si lo único que lo sostenía en el aire era el respiro de mi nariz.

Grisáceo y blanquecino, Astuto, fugaz Se filtraba por las rendijas rotas de mi techo, Y se llevaba además de su aroma tóxico y caliente, Un poco de dolor, un poco de aquel dolor que emanaba de mis frustradas manos.

En aquella noche, el humo de mi cigarro fue mi única compañía. En complicidad absoluta, deje que me envolviera, como si me abrazara en medio de la oscuridad. 

Danzó  unos segundos alrededor de mí, despidiéndose, ascendió. Después de haberse ido, la habitación volvió a ser la misma, Yo dormí como todos los días.

El humo del cigarrito no estaba, y con el se fue un poco de nostalgia. La habitación fue la misma, y la soledad también, esta última era siempre la que se quedaba…